jueves, 27 de mayo de 2021

 

"SI NO FUERA YO" de Mónica

 

Que seria?

Un ave?

Una rosa?

Una abeja?

Un sentimiento en el aire…

Una voluntad que se anima…

Una certidumbre…

Un objeto trivial…

Una fantasía…

Que seria quizás yo?

Si no fuera yo






miércoles, 19 de mayo de 2021

 


"Con mochilas y bolsos" de Norma Tozzi

Andrés llegó del colegio a las seis de la tarde y sofocado, tiró mochila, campera y paraguas. Cuando partió al mediodía llovía a cántaros, pero luego, al salir el sol y como pasa en esta época, el clima se hizo insoportable.

    Asomándose a la escalera, llamó a su madre a los gritos – mamá, llegué, me muero de hambre, quiero la leche y pan con manteca.- Al finalizar la merienda, le susurró – sentate, quiero decirte una cosa- No sabía cómo empezar la conversación; finalmente le dijo - el próximo fin de semana queremos ir a pescar a Chascomús con dos compañeros-.

A cada negativa de su madre, le rogaba con distintos argumentos para lograr su aprobación.

    A la noche, cuando llegó el papá, tuvieron una larga charla y luego de mucho, lograron un consenso y le fue otorgado el permiso.

    Andrés tenía 17 años.

    El sábado a las 7 de la mañana, partieron rumbo a la Laguna cargando mochilas, la carpa, elementos de pesca y bolsos llenos de casas ricas que aportó cada familia.

-¿Llevan los documentos?-  -¿tienen plata suficiente?-  -¿los celulares cargados?-.

    Por la tarde, al no tener noticias de su arribo, las llamadas a los distintos celulares no pararon un segundo. Por tal motivo, los padres, enloquecidos, decidieron partir ese mismo día en el coche de uno de ellos rumbo al sur.

    Nada: fueron a la comisaría, al hospital, recorrieron calles y boliches, tampoco estaban en ningún camping. Nadie los había visto…

    Fueron dos días de angustia y dolor. La incertidumbre demolía a cada familia.

    El domingo a la tarde, tipo seis, aparecieron cabisbajos, como apaleados, sin dinero, sin comida y sin un solo pescado. ¿Qué pasó?

    Finalmente confesaron: no prendieron los celulares para que no siguieran su rastro.

“Se fueron con tres chicas non santas a una isla del Delta”.

     Por supuesto sabían lo que les esperaba, pero como dijeron después -¡lo pasamos bomba!-

    Lo ocurrido con posterioridad, es algo que quedó entre las cuatro paredes de cada casa.

 


 


miércoles, 12 de mayo de 2021

 


"Una idea" de Irene Gitelman

Volvió a su lugar natal, luego de haberse marchado a la guerra, 4 años atrás. Francisco participó y sufrió penurias y pérdidas en esas duras batallas en el otro continente.

Pero un recuerdo hermoso lo mantenía vivo, esperanzado con su antigua novia del colegio.

Tras un breve descanso se dirigió presuroso y alentado al parque del centro de su pueblo: sitio preferido de los encuentros juveniles y cita de los primeros amoríos.

Seguro estaría ella, Julia con sus amigas.

En un banco frente a los juegos, la hallo; observando las piruetas de un pequeño niño, rubio de cerca de tres años, que retozaba alegremente.

Francisco pensó: ¿sería ella?,¿Cuándo formó pareja? ¿ quien sería el padre?.

Recordó entonces de otro joven mayor que ellos, abogado y de mejor pasar, Alfredo: hijo del principal empresario de la ciudad.

Lentamente se increpo y fue calculando el tiempo perdido que la había soñado, ahora todo se derrumbaba, no más ilusiones. Tomó una larga vara y se montó en su bicicleta, mientras recorría las calles , golpeaba con fuerza todas las verjas hasta que se estrelló contra el paredón de la iglesia; solo unos simples moretones y rumbeo a su casa.

Más calmado y luego de una reconfortante taza de chocolate, bien caliente, se puso a meditar ¿Cómo haría para hacer fracasar a Alfredo?.

Entonces se le ocurrió organizar un mal negocio que lo involucrara y así perdería su empleo y fama.

Subió a su habitación en el altillo y en su vieja cama se recostó, mirando las lejanas montañas ya nevadas. El espejo le devolvió una cínica sonrisa dibujada en su rostro.





domingo, 25 de abril de 2021

 


Una lectura lúcida por Matilde Robustelli

JUAN JOSÉ SAER   (SANTA FE 1937- PARÍS 2005) 

     Según Martín Kohan “el escritor más relevante de Argentina después de Borges” y según Beatriz Sarlo “el mejor escritor argentino de la segunda mitad del siglo XX. Estudió Letras en la Universidad Nacional del Litoral junto a la que fue su primera esposa: Biby Castellaro y ambos abrazaron la docencia, la que luego continuaron en París.

    Junto con Onetti, evidencian la influencia de William Faulkner (Tomatis). Toma del norteamericano la prosa trabajada con oraciones largas y el trabajo con los puntos de vista, combinándolo con detalladas descripciones de los espacios y la acción narrativa.

    UNIDAD DE LUGAR (1967) considerado como un texto de madurez dedicado a Biby Castellaro, trabaja la estrategia del espacio único, acotado a la vivienda y con algunas evocaciones de otros espacios transitados por familiares, pensados desde un sillón .Los personajes ante la imposibilidad de abarcar la realidad, recurren a la introspección, rellenando los vacíos con ficción.

SOMBRAS SOBRE UN VIDRIO ESMERILADO

    Primer cuento del libro mencionado. Aparece la voz de la poeta Adelina Flores, mujer de cincuenta y seis años, la que utiliza el discurrir de la conciencia para acercar al lector a sus reflexiones sobre la vida y el tiempo. La voz de Adelina es un espacio narrativo en donde se cuestiona la unidad de tiempo perdiendo validez el recuerdo como categoría porque el recuerdo surge en un presente destinado a convertirse también en recuerdo.

    Al dudar de la temporalidad y del espacio, el personaje sitúa su relato desde su sillón de Viena, herencia de su madre para intentar establecer su propia unidad de lugar. En el esfuerzo por darle sentido, la vida se convierte en literatura. Este personaje, como unidad corporal, se encuentra fragmentado al haber sufrido la amputación de uno de sus senos, esto ubica la unidad en un espacio confuso y equívoco. Es una mujer virgen de avanzada edad, ha vivido muy poco, sólo le queda superar su desconocimiento del mundo. Se pasea en un pasado y un presente en el que aparecen su hermana Susana, su cuñado Leopoldo, éste representa la sexualidad que ella nunca conoció, que sólo la percibe como sombra diferenciada tras el cristal de la puerta del baño. Sólo llena los espacios de su vida, desde la escritura que le permite revisar su pasado ( conflictos familiares) y su presente en la casa de su hermana y cuñado. dado que no pudo desarrollarse dentro de la sociedad, sólo le resta construir su vida dentro de su discurso.

    Tomatis, un poeta que conoce Adelina en un encuentro cultural le dice: ¿No piensa que ud misma lo ha matado? ( a su seno) Ud me cae simpática, Adelina. Ud debe fornicar más, Adelina, sabe, romper la camisa de fuerza del soneto porque las formas heredadas son una especie de virginidad…

    El último párrafo del cuento se titula ENVÍO en el que se incluye una reflexión acerca del sinsentido de la vida: ”Odiamos la vida porque no puede vivirse…Pero lo que tiene un núcleo sólido….no puede morir” Adelina cuestiona la visión patriarcal de la realidad, considera que la única forma de aprehender la realidad es verla desde un “cristal esmerilado”(la literatura) por el cual se puede especular sobre lo que está detrás de él, el cuerpo de Leopoldo, duchándose. Es la única sensualidad a la que Adelina puede aferrarse, lo más cercano a la vida.

    Es posible apreciar una segunda voz narrativa, mediante los paréntesis, podría interpretarse como la voz de un narrador oculto en la corporalidad del discurso, ahí aparece el nombre del cuento.

    Adelina en su libertad narrativa, resiste hacia el final configurar una voz propia mediante la cual resiste la presencia inmaterial del padre autoritario e instaura la esperanza: “Me parece muy justo que mamá odiara la vida. Pero pienso que si quiso decírmelo antes de morirse no estaba tratando de hacerme una advertencia sino de pedirme una refutación…

 

Matilde Robustelli





martes, 5 de enero de 2021

 





Hoy escribe Gladys Veléz...
"Noche de reyes"
                        
  En el porche habíamos dejado comida y agua para los camellos. 
  Vivíamos en Azcuénaga 311. 
   Papá había cortado el césped. 
   Mamá nos ayudó a juntar el pasto e hicimos una montañita bastante alta como para que los camellos tuvieran suficiente alimento. En una palangana vieja de aluminio pusimos agua.
  Esa noche nos mandaron a dormir bastante temprano. Mamá nos recomendó dejar los zapatos cerca de la puerta del dormitorio. 
  Un trueno me despertó y sobresaltada me acurruqué.
   Néstor de un salto se metió en mi cama y me obligó a correrme, bien al borde; ahí quedé, haciéndole lugar. Él se tapa la cabeza con la sábana y yo hacia equilibrio para no caerme. 
  Los relámpagos iluminaban el cuarto y las sombras que proyectaban los muebles me parecían monstruos amenazantes. 
  Mi hermano era pequeño y con razón sentía miedo. 
  La tormenta se mezclaba con ruidos extraños. 
  Me pareció escuchar risas. 
  Me pareció oír "shhh…que se van a despertar..."
  Me pareció que esa noche entre sombras y ruidos se escapaba la última inocencia. 
  La mañana del 6 de enero de 1947 el sol entró a raudales en la casa. 
  Néstor, que siempre fue remolón para levantarse, fue el primero en correr hacia los zapatos. 
  Junto a sus botitas con plantillas del Dr. Scholl había una bicicleta. Una bicicleta de color celeste metalizado con rueditas de apoyo en la parte trasera. El asombro y la alegría no podían reflejarse mejor en su cara. 
  Junto a mis zapatos Guillermina blancos había una caja enorme con una muñeca Marilú. Casi temblorosa la tomé en mis brazos y acaricie sus rulos. 
  Veo a papá y a mamá contemplando la escena.
  Néstor se acordó de la comida de los camellos y fuimos al porche. No había nada, la palangana estaba vacía y unos terrones de barro ocupaban el lugar del pastito. 
  Esa mañana se restableció el orden que había perdido durante la noche y nunca más dudé de la llegada de los Reyes Mago. 
  Tal vez por eso, hoy 5 de enero del 2021, dejaré en un porche imaginario mis zapatos para que los Reyes Magos nos traigan salud, paz y que le lleven a Néstor en la estrella donde esté la sonrisa iluminada de sus nietos. 








miércoles, 25 de noviembre de 2020

 


"La palabra que sana"

Hoy escribe Norma Tozzi...
                                                              
                                                         "Agostino y el mar"

   El joven italiano, en su viaje hacia América hace ya más de un año, conoció a unos paisanos que se radicarían en el sur de la provincia, más precisamente en Mar del Plata.

    Hijos y nietos de pescadores en su Italia natal, vienen contratados para lo que saben y están preparados. Agostino se radica en La Boca. Invitado a visitarlos, viaja a la ciudad portuaria y se aloja en casa de uno de ellos, de su mismo pueblo.

    Una madrugada primaveral, parten del pintoresco puerto en un barco amarillo, ícono del lugar, pero quedan cientos anclados en espera de su partida, en compañía de mansos lobos marinos. Nada hacía prever que a los pocos kilómetros de la costa, se desataría una feroz tormenta, poniendo en serio peligro a toda la tripulación.

   El navío era una cascarita en medio del oleaje…

   Agostino recordó entonces una madrugada igual, en el lejano mar de Ligure, cuando debió enfrentar una tormenta semejante, pero en una frágil barquita a remo, con la única compañía de un perro flaco que lo miraba como entendiendo.

  Bajo un cielo negro cruzado por la luz vertical de los rayos, remaba contra inmensas olas. Solo se escuchaba el rugido del mar enfurecido, y los truenos que segundos después de lo relámpagos, hacían más tétrico el momento. Era su lucha solitaria contra la furia desatada de la naturaleza, que se podía transformar en hostil en cuestión de minutos.

  Esa misma furia, también en minutos podía llevarlo nuevamente a la calma, y el cielo, rajándose en el horizonte, volver a mostrar un azul glorioso.

  Siente entonces que la barca vuelve a mecerse suavemente, los remos otra vez son dueños de las aguas y que retornará a puerto con la pesca del día.

  En eso pensaba Agostino en medio de la tormenta, tan lejos de su mar de Ligure, mientras luchaba junto a sus compañeros contra un mar que tanto puede ser amigo, como transformarse en la tumba no deseada.



miércoles, 18 de noviembre de 2020

 


"La palabra que sana"

Hoy escribe Mirta Fernández...

"Una vida"

    Cuantas historias habremos oído y leído de tantos seres que inmigraron desde Europa,  en diferentes circunstancias,  hacia nuestro hermoso país, Argentina. Venían con el corazón lleno de ilusión y esperanza. Sus mentes aún inundadas con la imagen de los seres queridos, sus ojos llenos de lágrimas, y la necesidad de que el tiempo pasara rápidamente para  volver a reencontrarse.

  La historia que tengo en mi memoria y guardo en mi corazón, es distinta, especial, es la historia de mi padre.

Lo imagino subiendo a ese enorme barco que lo traería a la Argentina, no porque él lo hubiera decidido, no, horas antes estaba parado frente a un pelotón de fusilamiento, transcurría la guerra civil española, había salido como todas las noches en busca de alimentos que tanto escaseaban, era muy joven. ¿Qué lo salva?, su documento, mi padre era nacido en Argentina, pierde a sus padres en un accidente y es llevado por sus tíos a vivir a Asturias, qué destino, nunca imagino que su regreso seria de esta manera veinte años después.

   Su travesía desde ya no fue fácil, y si a esto le agregamos que contrae fiebre amarilla en el viaje, y debe quedar tres meses internado en Francia, solo, sin conocer a nadie, tampoco el idioma, salvo la ocasional circunstancia de cruzarse con algún español la situación se agrava..

   Siempre pensé que debió tener una protección especial, o la mano de Dios que lo acompañaba.

    Él fue otro de los tantos que llegaron un día al puerto de Buenos Aires sin nada, solo con lo puesto, y se adentraron en esta tierra buscando libertad, un futuro y dejando allá lejos el horror de la guerra, el hambre y también toda su existencia , familia, amigos, la vida misma aunque en ese momento estuviera destruida por la guerra.

   Primero el trabajo fue de peón, con los años logró llegar a capataz, de la pieza alquilada a una casita en la zona sur que compartiría con el amor de su vida, mi madre.

   Pasaron los años, y la historia fue contada muchas veces por él, con orgullo y siempre con lágrimas en sus ojos. 

   Lo escuchaba con profunda admiración, cómo pudo soportar tanto desarraigo, abandonar lo que tanto amaba, su querida Asturias, y que con un comienzo tan humilde y fatigoso, llego a darnos tanto, estudio, una vida llena de satisfacciones, todo logrado con su honestidad y capacidad de trabajo.

Creo que esa generación tenía en gran valor  la palabra dada, el  honor, el sacrificio, la perseverancia, todo esto formaba su conducta hacia los demás.

   Ellos vinieron llenos de coraje, esperanza, y esos valores hoy corren por nuestras venas, nuestra querida Argentina supo acogerlos y brindarles la oportunidad de formar un hogar, una vida, una familia. Por eso y mucho más debemos estar siempre agradecidos.