jueves, 16 de septiembre de 2021

 


"Felicidad clandestina" de Clarice Lispector (Fragmento)


 Ella era gorda, baja, pecosa y de pelo excesivamente crespo, medio amarillento. Tenía un busto enorme, mientras que todas nosotras todavía eramos chatas. Como si no fuese suficiente, por encima del pecho se llenaba de caramelos los dos bolsillos de la blusa. Pero poseía lo que a cualquier niña devoradora de historietas le habría gustado tener: un padre dueño de una librería. No lo aprovechaba mucho. Y nosotras todavía menos: incluso para los cumpleaños, en vez de un librito barato por lo menos, nos entregaba una postal de la tienda del padre. Encima siempre era un paisaje de Recife, la ciudad donde vivíamos, con sus puentes más que vistos. Detrás escribía con letra elaboradísima palabras como "fecha natalicio" y "recuerdos". Pero qué talento tenía para la crueldad. Mientras haciendo barullo chupaba caramelos, toda ella era pura venganza. Cómo nos debía odiar esa niña a nosotras, que éramos imperdonablemente monas, altas, de cabello libre. Conmigo ejerció su sadismo con una serena ferocidad. En mi ansiedad por leer, yo no me daba cuenta de las humillaciones que me imponía: seguía pidiéndole prestados los libros que a ella no le interesaban. Hasta que le llegó el día magno de empezar a infligirme una tortura china. Como al pasar, me informó que tenía Las travesuras de Naricita, de Monteiro Lobato.







jueves, 9 de septiembre de 2021


"La sed" de Hernán Arias



"Nada tan complejo como narrar la historia de una mirada cuando el mundo parece recién creado. En La sed, el ojo del narrador extrae del paisaje un retrato asombroso de la infancia: la vida adulta como infierno nómada; la pampa, la familia, el alcohol y el ritual de la caza como instantes de peligro que desafían la inocencia. La prosa de Hernán Arias es milagrosa porque articula la forma más misteriosa de la temporalidad -el recuerdo-, en un continuo de horas y días indivisibles. ¿Por qué llevar la memoria tan lejos, a un límite tan parecido a la muerte? Para que suceda la infancia. En ese plano semejante a un espejismo, algo extraordinario y mínimo siempre está por ocurrir en la pampa.
 Pocos escritores pueden dominar la infancia desde una nostalgia cerrada, sin arruinar su enigma. Por suerte Hernán Arias es una de las excepciones y da cuenta de eso en una primera novela que, si invirtiéramos los tiempos de la vida, podría ser el resultado de años futuros de escritura."

Oliverio Coelho



 

miércoles, 1 de septiembre de 2021


"Volver a los 15" de Matilde Robustelli 

Los primeros tiempos fueron terribles: lo hablaba todas las semanas con mi terapeuta, lo analizaba en mis ratos a solas, había momentos en los que creía no poder salir de esa red de elucubraciones negativas que me tenía atrapada…Rogaba que se cerrara esa herida y pudiera resurgir.
Era inevitable volver siempre a mi fiesta de 15, tan soñada, tan esperada, planeada hasta los mínimos detalles. Mis padres no escatimaron recursos materiales, ni horas destinadas a la realización del evento. Todo fue perfecto. Mis amigos estaban felices al igual que todos los invitados; los regalos: increíbles. Al amanecer, nadie quería irse. Sentía que algo indescriptible recorría mi cuerpo, con un dejo de absoluta felicidad.
Al otro día, todavía emocionada, volé con mi madrina a Nueva York, era su regalo y lo habíamos planeado minuciosamente. Pasamos días increíbles, recorriendo barrios, comprando ropa y recuerdos, vivenciando otro estilo de vida. ¡Cómo lo disfrutamos! Pero, nunca olvidaré la noche previa al regreso.
Salí de ducharme y prontamente vi el rostro demudado de mi madrina, reconocí al instante que algo la preocupaba. Enseguida me dijo: Sentate, tengo que decirte algo. Ansiosa, espeté: Decime, decime.
-Tus papás tuvieron un accidente…
-Accidente? Dónde? Cuándo? Están internados? Pero si hablé con mamá ayer?
-Recién habló tu tía Marisa, se escuchaba mal, más tarde cuando regresemos de cenar nos llamará.
-Ok, agregué.
En la cena hablamos de temas triviales, pero mi percepción me decía que mi madrina sabía algo más. No quería mirar mi celular, por las dudas.
Todo lo que siguió después prefiero pasarlo por alto…
Han transcurrido diez años, tengo 25, fui elaborando el dolor, soy una mujer bien plantada, con muchos proyectos. Amo mi carrera.
Mis tíos Marisa y Nicolás me dieron mucho amor…
Todo quedó atrás, a pesar de la cruel verdad de lo que sucedía entre mis amados padres….
Creo en el amor y estoy decidida a ser feliz.





 

miércoles, 18 de agosto de 2021

 


"Prudencia" de Nilda Alaimo


  Prudencia ayuda a su madre en los quehaceres de la casa. Barre el cordón de la vereda . Sabe a caldo desgrasado, a café descafeinado, a gelatina sin sabor. Se lava los dientes cuidadosamente, Se pone crema todas las noches. Tiene las uñas limpias, el escritorio donde hace sus tareas diarias ordenado.     Cumple rigurosamente con lo que la maestra le indica. Acomoda su ropa prolijamente en el ropero, pone sus medias en bolsitas y las guarda en el tercer cajón, las bufandas en el cuarto. Pero…¿dónde guarda sus sueños?
  Cocina para los amigos de sus hermanos cuando van a jugar al football los fines de semana, hace postres ricos para agasajarlos, los atiende efusivamente tratando de complacerlos. Es sentimental, tiene alma novelesca, sueña con amor y compañía.
  Pero…hay una sensación indefinida que ella tiene cada vez que los ve, una sensación que no puede precisar, que le eriza el cuerpo, que a veces no lo puede disimular cuando se siente mirada y…ella…se sonroja.
  Una sensación que le corre por todo el cuerpo y le afloja las piernas, le nubla un tanto la vista cuando alguno de ellos se le acerca y sin querer la roza.
  Lo que ocurre es que, a pesar de todos sus desvelos, a pesar de sus esfuerzos por llamar quietamente la atención, por servirles lo que más les gusta para que la aprueben, no consigue que la valoren, que valoren sus virtudes, su abnegación, su sensatez, su discreción, porque es…¡irremediablemente fea!
  Por ello guarda sus sueños y deseos incumplidos… en el primer cajón de la cómoda.







 


"Estrellas amarillas" de Irene Gitelman


  Corría el año 1940, en Varsovia, Polonia. Dorita, de ocho años, hija de Manuel y Frida; vive en una época de encierro, de limitaciones.
 No sabe porque su madre cosió estrellas amarillas en todos los abrigos.
 No sabe porque les falta comida y no puede ir al colegio o hablar fuerte en su propia casa. Ya no tocan más el piano, ni sus hermanos el violín ni cantan.
 Siempre tuvieron lo que les gustaba: un piso muy lindo, grande, cada uno en una coqueta habitación, libros, juguetes y dulces.
  Su padre era profesor de la Universidad local y su madre concertista.
  Recuerda las cenas del shabbat, la mesa con el hermoso mantel bordado, la vajilla reluciente y el calor de las velas del candelabro, el rezo, los cantos y luego la exquisita comida hecha por su madre y abuela.
  Ahora solo escucha hablar de guerras, de gente que se iba y que a lo mejor ellos también
abandonarían el hogar, esperaban ayuda de unos amigos de América y la posibilidad de escapar. Tenían preparado un refugio para esconderse, alertas de las frenadas de vehículos en medio de la noche.
  Los días transcurrían parecidos pero cada vez escaseaba más la comida, les cortaron la luz y la leña. Era ya el invierno muy duro. Empezaba a nevar, cuanto deseo de salir al jardín a jugar
con la nieve.
 Todas las noches se dormía aferrada a su pequeña muñeca, tapándose los oídos para no escuchar los disparos.
 Ese último día, tocaron fuertemente a la puerta, casi la derriban y entraron cuatro personas muy feas con cascos, armas, gritando en un idioma que no entendía, rompiendo las cosas y preguntando por su papá. Manuel, con dignidad se vistió, colocó sus anteojos de carey, los abrazo uno a uno y le dijo a su oído, susurrando, espérame voy a volver, lo tomaron del brazo y lo arrastraron y golpearon, se lo llevaron. Mamá y mis hermanos mayores lloraban desconsoladamente y yo me uní a ellos.
 No tenía idea que vendría después. Pero a la semana vinieron por todos nosotros, nos subieron a un camión y nos llevaron al tren….
  Hoy a los ochenta y ocho años, recuerdo aun, con mucho dolor el padecimiento que sufrimos.
 Soy la única sobreviviente de la familia, la vida me compensó, pude estudiar, tener esperanzas, y ahora cuando les relato a mis nietos la historia, revivo las terribles imágenes que soporte.













miércoles, 11 de agosto de 2021

 


"Las malas" de Camila Sosa Villada



 Cuando llegó a Córdoba capital para estudiar en la universidad. Camila Sosa Villada fue una noche, muerta de miedo, a espiar a las travestir del Parque Sarmiento y encontró su primer lugar de pertenencia en el mundo. Las malas es un rito de iniciación, un cuento de hadas y de terror, un retrato de grupo, un manifiesto explosivo, una visita guiada a la imaginación de su autora y una crónica distinta de todas. En su ADN convergen las dos facetas trans que más repelen y aterran a la buena sociedad: la furia travesti y la fiesta de ser travesti. En su voz literaria conviven Marguerite Duras, Wislawa Szymborska y Carson McCullers, con tonada cordobesa. Las malas es esa clase de libro que, en cuanto terminamos de leer, queremos que lo lea el mundo entero. 


Fragmento extraído del prólogo escrito por Juan Forn.




miércoles, 23 de junio de 2021

 


"La promesa" por Irene Gitelman

    Parten de un pueblo del interior de Argelia, son dos amigos: Gerard, descendiente de un diplomático francés y Salim, hijo de un profesor musulmán. Las típicas ropas y turbantes no  ocultan los rostros diferentes.

    Hicieron una promesa hace varios años, llegar a la basílica menor de Notre Dame D’ Afrique, en Argel, la capital del país.

    Debían atravesar parte del desierto del Sahara, para lo cual se unieron a una gran caravana de camellos, que llevaba muchas mercancías de valor.

    El viaje de aproximadamente de diez días, era dificultoso, pero ambos, jóvenes y llenos de entusiasmo lo emprenderían.

    A medida que avanzaban, se presentaba un infinito mar de arena ardiente y pensaban que era imposible evitar penurias y obstáculos.

    Cada noche armaban carpas, se alimentaban, el humo de las fogatas jugaba dándose formas que se perdían en lo alto para atrapar las estrellas, muy luminosas, las risas del grupo eran transportadas por la brisa.

    Los días se sucedían cada vez más cálidos y el sol como lenguas de fuego, que al abrazarlos , los ponía más sudorosos y sedientos.

¡Qué notable contraste el  cambio del clima en el desierto!

    Faltaba poco para llegar a destino, cuando fueron asaltados por integrantes de una tribu nómade, hubo disparos y heridos, ellos fueron tomados prisioneros, se sintieron vulnerables, qué les depararía el destino.

    Llevados ante el jeque, pudieron comunicarse parte en francés y parte en  la lengua del lugar, aclarado la causa del viaje, fueron liberados y continuaron solos, en ambos camellos.

    Un día después ya divisan la ciudad, sobre un acantilado que da a la bahía de Argel ,se erguía la basílica, esta de origen neobizantino.

    Lugar muy visitado por peregrinos, por tal motivo en el ábside se lee una inscripción: Nuestra Señora de África ruega por nosotros y por los musulmanes.

    Habían cumplido la promesa y penetraron en ella a orar por La Paz de sus pueblos.