viernes, 29 de marzo de 2019


                                       "Pedro Páramo": sus lecturas.
        
       En Pedro Páramo no solo hay técnica literaria que subvierte la escritura sino también una visión global que universaliza realidades y creencias. Se unen ahí ideología y leyenda, fe supersticiosa y superstición fideista, explotación y candor, solidaridad destruida por el asesinato y brutalidad sustentada por el amor a la familia, vida y muerte, ánimas benditas y ánimas en pena. 
       Dice Carlos Monsiváis: "Sin esa totalidad, no existiría Pedro Páramo. Para que esa totalidad pueda expresarse, se necesita una cesación de movimientos en el tiempo y en el espacio. Solo así una colectividad carece de fisuras y es siempre, en relación a si misma, igual y fiel. Para que Comala sea un orbe cerrado y el relato pueda darse en presente, se requiere que la acción haya ocurrido hace mucho y este ocurriendo ahora. Y una solución magistral es que Comala sea un pueblo muerto. Donde los personajes vaguen espectrales o se confiesen desde sus tumbas, anclados en ese único tiempo que es la eternidad."

jueves, 17 de enero de 2019



                                    En la boca del infierno 

       "Susana San Juan oye el golpe del viento contra la ventana cerrada. Está acostada con los brazos detrás de la cabeza, pensando, oyendo los ruidos de la noche; cómo la noche va y viene arrastrada por el soplo del viento sin quietud. Luego el seco detenerse. 
          Han abierto la puerta. Una racha de aire apaga la lámpara. Ve la oscuridad y entonces deja de pensar. Siente pequeños susurros. Enseguida oye el percutir de su corazón en palpitaciones desiguales. Al través de sus párpados cerrados entrevé la llama de la luz.
          No abre los ojos. El cabello esta derramado sobre su cara. La luz enciende gotas de sudor en sus labios. Pregunta: 
                       -¿Eres tu, padre?
                       -Soy tu padre, hija mía." 


          Ciertos libros te acompañan como fieles amigos con los que te reencuentras en la gratuidad absoluta, por el simple gusto de leer sobre sus rostros las líneas del tiempo. Es así como desde hace mucho tiempo Pedro Páramo, una novela barroca del mexicano Juan Rulfo escrita a mediados de los años cincuenta y traducida al francés en 1959, no me abandona ya. 
          No sé a estas alturas cuantas veces la he leído ni a cuántos se la he regalado. Lo más extraño con este libro es que cada lectura representa un nuevo descubrimiento. Su riqueza, su complejidad, su insolencia la hacen inagotable. Es breve, sin embargo, aunque de tal densidad que me llega a ocurrir que necesito detener la lectura para sopesar las frases, como si estuviera con el orfebre. Porque ahí esta presente la poesía. 
          El texto, que narra historias inverosímiles en la que numerosos personajes atraviesan el libro, dejando cada uno a su paso un poco de misterio, esta preñado de poesía, un momento de reposo. Así, entre dos situaciones desconcertantes y ásperas Juan Rulfo hace un alto, como un caballero que necesita dar de beber a su montura : "...Llanuras verdes. Ver subir y bajar el horizonte con el viento que mueve las espigas, el rizar de la tarde con una lluvia de triples rizos. El color de la tierra. El olor de la alfalfa y del pan. Un pueblo que huele a miel derramada..." 
           ¿Cómo hablar de esta novela? ¿Por dónde empezar? No, no voy a narrar la historia; al contrario, prefiero decir cómo será colmado el amante de la literatura, cuánto se estimula su imaginación, su apetito insatisfecho... Podría decirles que se trata de la promesa de un hijo a su madre moribunda, o más bien muerta. Ella le ha pedido que vaya a buscar a su padre, Pedro Páramo, un monstruo, un depredador, una figura de leyenda, una montaña de injusticia, un asesino, un corazón seco, una venganza sin fin, sin límites. Lo envía a un pueblo donde se respira la desgracia, Comala, que blanquea la tierra e ilumina la noche , un pueblo donde no vive nadie, sino las sombras, las voces, los muertos que se revuelven y balbucean al infinito, un lugar en que han quedado atrapados todos los ecos del tiempo, encerrados en las piedras o viajando a través de llanos vacíos, dando al viento una razón de ser. ..............................................................................................................................................
                                                                                         Por TAHAR BEN JELLOUN 
                                                                                         Traducción: Victor Jimenez



viernes, 11 de enero de 2019




                                   Dicen que lo escribió en la trinchera


                                            Vigilia

                                       Una entera velada
                                       tendido al costado
                                       de un compañero
                                       masacrado
                                       con su boca
                                       desencajada
                                       vuelta al plenilunio
                                       con la congestión
                                       de sus manos
                                       penetrada
                                       en mi silencio
                                       he escrito
                                       cartas llenas de amor.

                                        No me he sentido nunca
                                        tan
                                        aferrado a la vida.

    Giuseppe Ungaretti  (8 de febrero 1888, Alejandria, Egipto- 1º Junio 1970, Milán, Italia)

viernes, 28 de diciembre de 2018


                                      No te pierdas las últimas entradas. 

                    Nos despedimos del 2018 a lo grande, con poesía.
 Federico García Lorca bajo la mirada de Francisco Urondo y los anticipos para el 2019.

                          ¡Feliz año nuevo y felices vacaciones!

                           Les desea Gladys Velez, coordinadora. 
                                               

Tren nocturno a Lisboa
                                  Pascal Mercier
       Paratexto de Cantaro, Narrativa.
      "Raimund Gregorius, profesor de latín en una escuela de Berna, se levanta en medio de su clase y abandona el aula. Impulsado por un repentino sentimiento de finitud, deja tras de sí una vida ordenada y confortable y aborda el tren nocturno a Lisboa. Va tras las huellas de un escritor misterioso, cuyas notas y reflexiones sobre experiencias vitales lo van atrapando cada vez más. Y encuentra, en cada eslabón de su viaje, seres cuyas vidas han quedado marcadas por su relación con ese hombre excepcional, lo hayan conocido como médico, poeta o combatiente contra la dictadura." 



  Nota: En el transcurso del año realizaremos el análisis literario y el análisis del lenguaje cinematográfico de la película  homónima, la coproducción alemana-suiza-portuguesa dirigida por Bille August (2013) con Jeremy Irons, Bruno Ganz, Lena Olin, entre otros.




La séptima función del lenguaje
                                       
                                                                Laurent Binet

   "La vida no es una novela. Al menos es lo que a ustedes les gustaría creer. Roland Barthes sube una vez más por la rue de Bièvre. El mayor crítico literario del siglo XX tiene sobrados motivos para estar angustiado en grado sumo. Su madre, con quien mantenía unas relaciones muy proustianas, ha muerto. Y su curso en el Collège de France, titulado "La preparación de la novela" ha resultado un fracaso del que difícilmente pueda sustraerse:durante todo el año ha estado hablándoles a sus alumnos de haikus japoneses, de fotografía, de significantes y significados, de divertimentos pascalianos, de camareros de café, de batas acolchadas o del número de asientos en el anfiteatro, de todo menos de novela.
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     Dentro de un cuarto de hora estará muerto. 
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     Roland Barthes apura el paso sin percatarse de nada de cuanto lo rodea, y eso que es un observador nato, cuyo oficio consiste en observar y analizar y cuya vida se la ha pasado por entero rastreando signos. 
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   Le quedan unas decenas de metros hasta llegar a su despacho cuando de pronto rebota contra una camioneta. 
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     En realidad, un cuarto de hora después aún no ha muerto. Roland Barthes yace en la cuneta, inerte, pero su cuerpo emite un silbido ronco y, mientras su espíritu se hunde en la inconsciencia, probablemente surcada por haikus turbulentos, alejandrinos racinianos  y aforismos pascalianos, oye- y se dice a sí mismo (seguramente se lo dice) que quizá sea lo último que oiga- los gritos de un hombre enloquecido: "¡Se lanzó bajo mis rruedas!"
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    El comisario Bayard se presenta en el servicio de urgencias de la Pitié-Salpêtrière, donde le indican el número de la habitación de Roland Barthes.
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     El hombre accidentado estaba inconsciente y no llevaba ninguna documentación cuando llegó la ambulancia, pero fue identificado por uno de sus colegas, un tal Michel Foucault, profesor en el Collège de France y escritor. Se ha comprobado que se trataba de Roland Barthes, también profesor en el Collège de France y escritor. 
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    La presencia de Jacques Bayard no se explica, en realidad, más que por un solo detalle, cuando Roland Barthes fue atropellado el 25 de febrero de 1980, regresaba de un almuerzo con François Mitterrand en la rue des Blancs-Manteaux.





Los álamos de plata
                                                                                                 de Federico García Lorca                                                                  Los álamos de plata
                                                              Se inclinan sobre el agua. 
                                                              Ellos todo lo saben pero nunca hablarán..                                                                            El lirio de la fuente 
                                                              No grita su tristeza.
                                                             ¡Todo es más digno que la humanidad!

                                                                La ciencia del silencio frente al cielo estrellado,
                                                             La posee la flor y el insecto no más. 
                                                             La ciencia de los cantos por los cantos, la tienen
                                                             Los bosques rumorosos
                                                            Y las aguas del mar. 

                                                                 El silencio profundo de la vida en la tierra,
                                                             Nos la enseña la rosa
                                                             Abierta en el rosal.

                                                                 ¡Hay que dar el perfume 
                                                            Que encierran nuestras almas! 
                                                            Hay que ser todo cantos,
                                                            Todo luz y bondad.
                                                            ¡Hay que abrirse del todo
                                                            Frente a la noche negra,
                                                            Para que nos llenemos de rocío inmortal!
                                                                   
                                                                 ¡Hay que acostar el cuerpo 
                                                             Dentro del alma inquieta!                                                                                                       Hay que cegar los ojos con la luz del más allá.
                                                             Tenemos que asomarnos
                                                             A la sombra del pecho, 
                                                             Y arrancar las estrellas que nos puso Satán. 

                                                                  ¡Hay que ser como el árbol
                                                             Que siempre esta rezando,
                                                             Como el agua del cauce
                                                             Fija en la eternidad!
                                                             
                                                                ¡Hay que arañarse el alma con garras de tristeza
                                                             Para que entren las llamas 
                                                             Del horizonte astral!
                                                             
                                                                   Brotaría en la sombra del amor carcomido 
                                                             Una fuente de aurora
                                                             Tranquila y maternal.
                                                             Desaparecerían ciudades en el viento
                                                             Y a Dios en una nube
                                                             Veríamos pasar.

                                                                                                          Mayo 1919.

    García Lorca

Tiempo de América nº 1, octubre de 1956, Francisco Urondo

        "Federico García Lorca fue un hombre con capacidad de tentación: le tentaron los frutos prohibidos, le tentó el riesgo, le tentó la poesía.
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     Afirmar que los poemas de Lorca pueden ser cantados no creo que sea ninguna novedad, pero sí creo que sería de interés que ellos pudieran cantarse en cualquier parte y desataran la comunicación más intensa entre los más dispares pueblos y épocas. Esto posiblemente ya este ocurriendo en alguna medida. Interesa entonces destacar la importancia que tiene la presencia de Lorca, como la presencia de cualquier poeta. 
     Esto, decíamos, ha desatado la comunicación. Darse, comunicar, hablar, es interesarse, inclinarse, es tener una actitud bondadosa, amar las cosas o los hombres. La poesía esta estrechamente relacionada con el amor. La presencia de un poeta es la presencia de un ser que tiene bondad, que ejercita el amor en todas sus formas y en todo momento. En sus tareas el poeta esta mucho más allá de toda contingencia política. La presencia actual de Lorca no reside en su trágico fin sino en su poesía. Su presencia confirma que esta no puede desaparecer, porque el amor no puede desaparecer, porque con ellos desaparecería la vida misma. 
     Lorca, el poeta  esta relacionado con el primer poeta de España y lo estará con el último, con el primer hombre y con el último. Trovador entre los crímenes, con capacidad de tentación en esta época de desinterés, condenado a padecer su falta de ubicuidad y exceso de gracia, lúcido ante los desastres y a su vez heredero del canto, significa la esperanza de que el amor y la poesía van a liberar al hombre, significa el deseo de que nada termine, de que la vida salve todas sus excelencias."
    
      Amigos, volvemos a Lorca 
       "Yo denuncio a toda la gente 
que ignora la otra mitad

Yo denuncio la conjura 
    de estas desiertas oficinas
   que no radian las agonías
                     que borran los programas de la selva

                         Una danza de muros agita las praderas
                            Y América se anega de máquinas y llanto."